Confianza y solidaridad como práctica investigativa

Maevia Griffiths
HUD PhD Researcher
University of Copenhagen

Aurora Maria Pachano Alvarez
PhD Researcher
Universidad del Rosario

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Bastó un correo electrónico y un café en Bogotá para que dos perfectas desconocidas tuvieran una agenda de trabajo etnográfico juntas, durante dos semanas, por la región Caribe colombiana. Antes de encontrarnos, cada una pensó -por su cuenta- que era una “locura viajar sola con alguien que no conocía”. El riesgo, sin embargo, ya estaba asumido. Dos investigadores doctorales diferentes, de dos países diferentes (Ecuador y Suiza), de dos universidades diferentes (la Universidad del Rosario para Aurora y la Universidad de Copenhague para Maevia), dos ángulos y metodologías de investigación diferentes, pero con una sólida base común crítica y empática de valores y prácticas humanas y políticas. Así, mezclamos nuestros intereses y métodos —como el cine y la narración de historias de vida— y aportamos todas nuestras habilidades a un gran Sancocho (famosa sopa colombiana) de investigación.

Nos encontramos en Cartagena de Indias, desde donde iniciamos nuestro periplo a los Montes de María. Allí entrevistamos a un grupo de firmantes de Paz del Acuerdo con las FARC. Luego nos desplazamos a dos Antiguos Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (AETCR): Pondores, en La Guajira, y Tierra Grata, en el Cesar, donde realizamos la mayoría de las entrevistas.

Como el balance fue tan positivo, en el transcurso del semestre continuamos trabajando juntas. Conocimos ASOCUNT una granja ecológica que hace parte de un proyecto productivo de firmantes; viajamos a Icononzo (Tolima), donde queda el AETCR La Fila, y también a Viotá (Cundinamarca), donde nos alojamos en casa de un antiguo comandante de las FARC.

Este trabajo conjunto nos aportó ganancias de diferente índole: una amistad académica, el gusto por el riesgo productivo, aprendizajes profundos y la construcción de un método sensible de trabajo de campo que no habíamos imaginado como tal, pero que fue creciendo a medida que avanzábamos, y que presentaremos a continuación.

Antes de continuar, queremos recalcar que este tipo de colaboraciones —especialmente entre personas que no se conocen previamente— suelen ser poco comunes en el ámbito académico, donde el temor a compartir el acceso al trabajo de campo, los resultados o posibles líneas de investigación suele generar aislamiento, desconfianza y debilitar la solidaridad. Esta historia muestra una vía positiva de colaboración basada en la confianza y la solidaridad humana.

Trabajo Compartido

El trabajo compartido fue una experiencia de solidaridad investigativa. Destacamos especialmente las largas conversaciones sostenidas entre nosotras, así como la posibilidad de compartir la carga mental y emocional que supone escuchar relatos de dolor y de violencia.

En total, realizamos 35 entrevistas grabadas juntas —sin contar aquellas que cada una llevó a cabo de manera individual. No obstante, todas las entrevistas han sido fundamentales para comprender con mayor profundidad nuestro tema de la intimidad como un espacio donde lo público se encarna y se negocia en lo personal, desde una perspectiva afectiva, espacial y representacional. En este sentido, constatamos que es posible acceder a relatos “íntimos” sin necesidad de “intimar” en el sentido clásico de una relación prolongada o profundamente insertada en la vida cotidiana de las personas.

Intimidad Como Herramienta Metodológica

En nuestro trabajo de campo adoptamos una forma cercana y sensible, lo cual nos llevó a identificar la intimidad como herramienta metodológica. En ese sentido, retomamos el concepto de intimidad propuesto por Lauren Berlant. Para la autora, no se trata de un ámbito privado ni de un estado emocional individual, sino de una estructura afectiva, relacional y política que atraviesa todos los niveles de la vida social. Como estructura dinámica y en constante construcción, la intimidad conecta las trayectorias inestables de las vidas individuales con los procesos históricos y políticos del colectivo, convirtiéndose en un lugar privilegiado para observar cómo las grandes estructuras sociales se viven, se resisten y se reconfiguran en el nivel de la subjetividad cotidiana.

Durante la investigación de campo en los ETCRs, trabajar la intimidad como metodología implicó prestar atención a cómo las personas narran, sienten y muestran su vida cotidiana, sin separar lo emocional de lo político. Se trata de una mirada etnográfica y visual, que escucha desde lo afectivo y que permite acceder a saberes situados que otras metodologías no recogen. Esta forma de trabajar nos ha permitido convertir la intimidad de la vida de los firmantes en una vía cercana, amable y comprensiva de acceso al conocimiento, de relación con las personas investigadas y de construcción de datos etnográficos.

Sin embargo, trabajar desde la intimidad también implica reconocer límites que es importante poner sobre la mesa: el tiempo compartido, la duración del trabajo de campo, y la presencia o ausencia de la cámara. La intimidad, en este sentido, no se entiende necesariamente como una relación de largo plazo ni como un acceso “desde dentro” de la vida de las personas. Reconocer estas limitaciones no le quita valor al trabajo; por el contrario, permite situarlo con mayor honestidad metodológica.

La cámara, en particular, introduce tensiones específicas en la relación etnográfica. Si bien permite una forma singular de posicionar el discurso, de generar intimidad visual y de abrir nuevas relaciones con el acto de testimoniar, también configura un vínculo adicional que debe ser cuidadosamente negociado: el que se establece entre las investigadoras, el dispositivo y la persona participante. En muchos casos, esta conjunción ha profundizado las interacciones y la disposición a relatar la propia vida; en otros, ha producido retraimiento, timidez o formas de autocontención. Existe, además, una posible ilusión de cercanía o de profundidad relacional que conviene problematizar. En nuestro caso, el hecho de trabajar en dúo —con una persona a cargo de la cámara y otra centrada en la relación con quien testimoniaba— permitió equilibrar estas dinámicas, atenuando la centralidad del dispositivo y sosteniendo un espacio de escucha más cuidado. Reconocer tanto las potencialidades como las limitaciones de la cámara resulta fundamental para explicitar las condiciones concretas de la investigación y los efectos que el dispositivo produce en la construcción de la relación etnográfica.

Ser Mujeres Y Extranjeras

Nuestra posición como dos mujeres, y además no colombianas, en un contexto marcado por una larga historia de conflicto, ha incidido de manera significativa en el trabajo de campo. Esta combinación puede generar una percepción de cierta neutralidad que facilita el diálogo y la confianza inicial. Al no ser víctimas directas del conflicto, la forma en que se nos interpela y se nos dirige la palabra es distinta: en algunos casos, habilita relatos más honestos, profundos e íntimos; en otros, da lugar a narrativas más enfatizadas o incluso más espectaculares.

En términos de dinámicas de género, esta configuración ofrece una seguridad adicional. Ser mujeres parece reducir la expectativa de los informantes de “performar” la dureza de la guerra, abriendo la posibilidad de expresar otras dimensiones de la experiencia —emocionales, cotidianas o vulnerables— sin que ello implique un riesgo para la posición social o simbólica de quienes testifican. Al mismo tiempo, el hecho de ser extranjeras activa formas específicas de intercambio que transforman la entrevista en un diálogo recíproco. En el caso de Maevia, muchas conversaciones se abrían hacia preguntas sobre Suiza: cómo es la vida allí, qué se come, qué idioma se habla, cuántas horas de vuelo separan ambos países o si también existe la guerra en ese contexto. Con Aurora, en cambio, las referencias a Ecuador tendían a articularse desde la cercanía regional: se evocaban vínculos de vecindad, afinidades culturales, historias compartidas y una percepción de familiaridad —“como primos”— que subrayaba lo mucho que se tiene en común y la imagen de los ecuatorianos como personas suaves y cercanas.

Estos intercambios, lejos de ser anecdóticos, equilibran la relación y desplazan la lógica de una entrevista unilateral orientada a la extracción de información. Al abrir la conversación en ambas direcciones, refuerzan la sensación de que el mundo exterior sigue interesado en sus vidas y trayectorias, contribuyendo a valorizar sus experiencias vividas. Asimismo, entrevistar juntas permite triangular miradas, matizar posiciones y construir una interacción percibida como más profesional, reforzando la idea de que es posible acceder a relatos íntimos sin que ello implique necesariamente una relación de intimidad prolongada.

Retribución

En los distintos lugares en los que recogimos información, ofrecimos como forma de retribución —por darnos su tiempo y contarnos sus vidas— la realización de talleres prácticos de comunicación digital y audiovisual dirigidos a las personas de la comunidad que estuvieran interesadas. En total, realizamos tres talleres: uno en los Montes de María, con algunos encargados de comunicaciones de organizaciones y cooperativas, otro en Tierra Grata, con niños y niñas, hijos de firmantes del Acuerdo de Paz, y un tercero en Bogotá con algunos miembros de ASOCUNT y de La Trocha (la casa de la Paz)

Como metodología narrativa utilizamos el “relato del héroe” y les propusimos contar alguna experiencia personal dividiéndola en sus distintas etapas. Podía tratarse de cualquier vivencia, incluso de aquellas más cotidianas o aparentemente menores. Lo sorprendente fue que todos —adultos y niños— relataron vidas atravesadas por el conflicto armado o por el posacuerdo, y las formas en que han aprendido a enfrentarlos. Esto nos dio acceso a la crudeza de la guerra incrustada en la vida de civiles y nos permitió comprender que estos testimonios pueden abordarse como “ejercicios de memoria”, en el sentido propuesto por Jelin (2002): relatos del pasado reconstruidos desde el presente, en diálogo con los marcos sociales y políticos actuales de la reincorporación, que posibilitan narrativas alternas sobre el conflicto. En este sentido, las historias sobre la infancia, la familia, los estudios o los distintos lugares en los que han vivido son interpretadas desde el presente del posacuerdo y desde las memorias que lo sostienen.

Investigación-Acción Participativa Visual

La intimidad, trabajada de este modo, no se presenta como un acceso total o transparente, sino como un campo relacional situado, atravesado por afectos, dispositivos y posiciones, que permite comprender cómo lo personal y lo político se entrelazan en la experiencia vivida.

En este marco, la Investigación-Acción Participativa (IAP) – metodología desarrollada en los años setenta por Orlando Fals Borda – ofrece un punto de referencia clave en cómo orienta a la producción colectiva de conocimiento junto con las comunidades y a la articulación entre investigación y acción con fines de transformación social. En diálogo directo con el trabajo de Joanne Rappaport sobre la visualidad y escritura como acción (2018), su trabajo muestra cómo los medios de visualidad y de escritura pueden operar como formas de acción política y de producción de conocimiento desde abajo. Nuestra investigación se sitúa de manera cercana, aunque no plenamente inscrita en una IAP en sentido estricto. Si bien no todas las etapas del proceso fueron co-diseñadas con los participantes, reconocemos el potencial político y metodológico de la visualidad “desde abajo” como forma de escucha, documentación y producción de memoria colectiva. A través del trabajo visual, se abren espacios de visibilización, archivo y transmisión de las voces de los firmantes que, si bien fueron objeto de numerosos informes, producciones audiovisuales y atención mediática tras la firma del Acuerdo de Paz en 2016, han sido progresivamente desplazados del debate público. A diez años del proceso de paz, sus trayectorias y memorias, en cierta medida, son olvidadas por el Estado y, en muchos casos, también por la sociedad. En este sentido, la visualidad opera no solo como registro, sino como una práctica activa de construcción de memoria y archivo, capaz de sostener y hacer circular relatos que de otro modo quedarían silenciados.

Hacemos Memoria

Nuestros viajes continuaron. Nuestras inquietudes e intereses académicos nos llevaron a Medellín, pero esta vez no fue para entrevistar ni recorrer territorios, sino para compartir aquello que había empezado a tomar forma a partir de los encuentros, las conversaciones y los desplazamientos vividos en campo.

Antes de dejar Tierra Grata ya habíamos previsto postularnos al Coloquio Internacional Hacemos Memoria, organizado por la Universidad de Antioquia, pues la edición de 2025 se perfilaba como un espacio de reflexión colectiva sobre la manera en que se construyen las memorias de las guerras, los conflictos armados y la paz a través del cine y la televisión. En sintonía con nuestra propia experiencia, el coloquio nos invitó a pensar cómo los contenidos audiovisuales no solo narran el pasado, sino que producen sentidos, emociones y disputas en torno a la memoria histórica, incidiendo directamente en la forma en que estos procesos son percibidos y recordados en el espacio público.

Fue así como, en el marco de este evento, en agosto de 2025, presentamos la ponencia “Desde dentro y desde fuera: la intimidad en los espacios de lucha política y social de firmantes del Acuerdo de Paz, de Pondores y Tierra Grata”.

Mirado en retrospectiva, este recorrido no solo nos permitió producir conocimiento, sino aprender a estar en el campo de otro modo: más atentas a los vínculos, a las intimidades que se tejen en los espacios de lucha política y social, y a las formas sensibles en que estas experiencias pueden —y deben— ser narradas. Lo que comenzó como un viaje incierto entre dos desconocidas terminó por convertirse en un trabajo compartido, atravesado por la confianza, la escucha y el aprendizaje mutuo. Más allá de los lugares recorridos y los eventos académicos, este proceso nos recordó que investigar también es construir vínculos y dejarse transformar por ellos.

Los viajes, las preguntas y las conversaciones se mantienen, al igual que la búsqueda por narrar, desde dentro y desde fuera, las experiencias de quienes siguen construyendo paz en medio de trayectorias marcadas por la guerra. Este texto es apenas una estación más en ese camino.

Referencias

Berlant, Lauren. 1998. Intimacy. Critical Inquiry. The University of Chicago Press. Vol. 24, No. 2. pp. 281-288. https://www.jstor.org/stable/1344169

Fals Borda, O. (1999). Orígenes universales y retos actuales de la IAP. Análisis Político, (38), 73–90. https://revistas.unal.edu.co/index.php/anpol/article/view/79283

Jelin, Elizabeth. 2002. Los trabajos de la memoria. Fondo de Cultura Económica. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Rappaport, Joanne. 2018. ‘Visualidad y Escritura Como Acción: Investigación Acción Participativa En La Costa Caribe Colombiana’. Revista Colombiana de Sociología 41 (1): 133–56. https://doi.org/10.15446/rcs.v41n1.66272.